La economía mundial afronta una nueva presión energética mientras el petróleo sigue condicionado por la guerra en Oriente Próximo
El petróleo continúa condicionado por la situación en Oriente Próximo y mantiene la energía en el centro de las perspectivas económicas internacionales.
Redacción MALDITOESPEJO
Lo que sabemos
- La evolución de los precios de la energía vuelve a ocupar un lugar central en las perspectivas económicas internacionales. El petróleo continúa condicionado por la situación en Oriente Próximo y por la incertidumbre sobre las rutas de suministro, mientras gobiernos, empresas y bancos centrales siguen evaluando las consecuencias de un escenario energético más caro.
- El Brent permanece en niveles elevados después de las fuertes subidas registradas durante las últimas semanas. La evolución diaria del mercado continúa marcada por las noticias procedentes de Oriente Próximo y por las expectativas sobre la duración y alcance de las interrupciones que puedan producirse en el suministro.
- El principal punto de atención es el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte mundial de petróleo y gas. Cualquier alteración prolongada de su funcionamiento puede afectar a los precios internacionales y aumentar los costes de transporte y producción.
- El impacto no se limita al mercado energético.
La evolución de los precios de la energía vuelve a ocupar un lugar central en las perspectivas económicas internacionales. El petróleo continúa condicionado por la situación en Oriente Próximo y por la incertidumbre sobre las rutas de suministro, mientras gobiernos, empresas y bancos centrales siguen evaluando las consecuencias de un escenario energético más caro.
El Brent permanece en niveles elevados después de las fuertes subidas registradas durante las últimas semanas. La evolución diaria del mercado continúa marcada por las noticias procedentes de Oriente Próximo y por las expectativas sobre la duración y alcance de las interrupciones que puedan producirse en el suministro.
El principal punto de atención es el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte mundial de petróleo y gas. Cualquier alteración prolongada de su funcionamiento puede afectar a los precios internacionales y aumentar los costes de transporte y producción.
El impacto no se limita al mercado energético.
Un petróleo más caro puede trasladarse progresivamente al precio de los carburantes, del transporte y de numerosos productos y servicios. Para las empresas, el encarecimiento de la energía supone un aumento de costes que puede reducir márgenes o trasladarse parcialmente a los consumidores.
Para los hogares, el efecto depende de la duración de la subida y de la evolución de los precios de los combustibles y de otros productos vinculados directa o indirectamente a la energía.
La situación plantea además una dificultad para los bancos centrales. Una subida energética puede aumentar la inflación al mismo tiempo que reduce la capacidad de consumo de los hogares y eleva los costes empresariales.
El resultado es un escenario en el que inflación y crecimiento pueden evolucionar en direcciones desfavorables simultáneamente.
En Europa, la cuestión tiene especial importancia debido a la dependencia de las economías de la zona euro de los mercados internacionales de energía. Un período prolongado de precios elevados puede dificultar la reducción de la inflación y modificar las expectativas sobre los tipos de interés.
En Estados Unidos, los mercados también están incorporando el efecto de la energía en sus previsiones económicas. La evolución del petróleo se suma a los datos de empleo, inflación y actividad que determinarán las próximas decisiones de la Reserva Federal.
Los mercados financieros están reaccionando a esa combinación de factores. Las rentabilidades de la deuda pública, las cotizaciones bursátiles y las divisas pueden experimentar movimientos importantes cuando los inversores modifican sus expectativas sobre inflación y política monetaria.
El comportamiento del petróleo tampoco depende únicamente de la situación militar. La demanda mundial, las reservas disponibles, la producción de los principales países exportadores y la capacidad de utilizar rutas alternativas son variables determinantes.
Por ello, una interrupción temporal del suministro no necesariamente produce el mismo efecto que una alteración prolongada.
La experiencia de anteriores crisis energéticas muestra que los mercados reaccionan inicialmente ante la expectativa de escasez. Posteriormente, el precio puede estabilizarse o continuar aumentando dependiendo de la duración real del problema y de la capacidad de los productores y consumidores para adaptarse.
En España, el efecto más visible para los ciudadanos se encuentra en los carburantes. Las variaciones del precio internacional del petróleo terminan trasladándose al coste de llenar el depósito, aunque el precio final también depende de los impuestos, los márgenes de distribución y la cotización de los productos refinados.
La evolución de los carburantes constituye, además, uno de los canales mediante los cuales la energía puede influir en la inflación española.
Todavía no puede determinarse cuánto tiempo permanecerán los precios del petróleo en los niveles actuales. Esa incertidumbre es precisamente uno de los principales elementos que están incorporando los mercados.
Si la tensión internacional disminuye y las rutas de suministro recuperan su funcionamiento normal, parte de la presión podría desaparecer.
Si, por el contrario, las interrupciones se prolongan, el impacto podría extenderse desde los mercados energéticos hacia la inflación, los tipos de interés, el consumo y la actividad empresarial.
La energía vuelve así a convertirse en una variable decisiva para la economía mundial. Lo que ocurra en los mercados petroleros durante las próximas semanas determinará en buena medida hasta qué punto la actual presión sobre los precios termina siendo un episodio temporal o un nuevo problema para la economía internacional.